Resulta que por irresponsable, bruto y crédulo me encontraba el pasado viernes 21 prácticamente acampando en el piso de control escolar tratando de arreglar mi situación académica y económica con la máxima casa de estudios de nuestro estado. Así es, había esperado hasta el último día al igual que decenas de personas.
No quisiera dar muchos detalles pero el punto es que lo que me estaba sucediendo era totalmente mi culpa, digo, para que esperar un sí o no acerca del dinero para pagar mi colegiatura si de todos modos cualquier día antes podía hacer trámite para prorroga, crédito formal o informal y así tener en hold un rato el asunto de regularizarme y tener un poco más de tiempo tanto para juntar dinero como para evitarme esa fila. Total, en ese momento sólo quedaba hacer el trámite junto con el mar de gente con la que compartía el oxígeno en ese momento.
Pregunté a una persona que estaba a punto de pasar con las encargadas de crédito educativo cuanto rato tenía esperando ahí, me respondió que cuatro horas y que llegó desde las doce del día. En realidad eran cinco horas, ya que las diecisiete mil estaban a punto de comenzar. Me esperaba un futuro espantoso: apenas tenían dos horas en el edificio pero la promesa era que nos atenderían a todos.
Llega un punto en el que el crédito de tu celular está casi por acabarse, tu computadora no tiene batería, los conceptos de hambre y cansancio ya están más allá del bien y del mal, revisate cada papelito de la mochila y todos tus planos del día -hasta ahora- quedan deshechos. Estás ya acostado sobre el piso, anhelando la hora prometida, algo que hace dos horas no imaginabas.
Empiezas a hacer promesas “el lunes me aparezco a las ocho de la mañana pero YA dejénme ir”, promesas que el irresponsable de tú no complirá, digo, por algo te encuentras en esa situación. Por algo me encontraba en esa situación.
¿Me iré antes de que se haga de noche? ¿me correrán del servicio social por faltar otra vez? ¿alguien me la va a creer?, pensaba eso cuando llegaron dos sujetos con la chava de cabello rizado que se encontraba adelante de mi, le presumieron unos boletos con el sello de la UAA y una firma, según ellos era su pase de acceso para ir el lunes y arreglar su situación. Ah, además llegaron tres horas después que yo y todos mis vecinos inmediatos.
Genial, los premian por llegar tarde, según esto porque se cayó el sistema de cajas y al no tener la posibilidad de pagar y por ende de completar el trámite de crédito, pues sería injusto dejarlos fuera por esa falla técnica, así que ahí tienen su pase de salida. Ok ¿y a uno? por favor, todos tenemos cosas mejores que hacer, en ese caso a todos y cada uno citénos posteriormente, oh poderes de la autónoma. Sólo escuché unos grillitos hacía mis súplicas.
Una nueva angustia había llegado: ¿y si mis papeles estaban mal? ¿a estas alturas las encargadas me mandarían a la chingada? Mejor no pensarlo, no quedaba mucho por hacer. Una vez más sentado en el piso, pensando ahora como racionar el saldo del celular cuando pueda escapar de ese infierno.
Ah, que las copias. Yo las saco, chance y el aire fresco aclara mis pensamientos. Vuelvo, entrego sus juegos de hojas a los vecinos y cuando estoy acomodando mi chiquero llega una señora con boletitos. ¿Es lo que creo? Sí, son pases, su voz dice que el lunes apartir de las ocho de la mañana. En ese momento uno piensa “claro, si quiere desde las siete y media pero hagalo oficial, deme uno YA”.
Ese era mi pase de salida, ya tendría el fin de semana para revisar todos los papeles, preveer todas las fallas y tragedias, además de ajustar mi tiempo para que el trámite del crédito no interfiriera una vez más con mi vida. Estoy a menos de 12 horas de eso y mi único logro ha sido no perder el boletito, ya es un avance. - Francisco Trejo Corona
Actualización: Llegué antes de las ocho de la mañana y fui el primero en acudir a la oficina de crédito educativo, me sorprendió la cantidad de gente en la fila de cajas aún antes de que abrieran. En crédito atendieron hasta pasadas las ocho y fue algo muy rápido, ni cinco minutos. Ahora nomás me queda esperarme hasta las nueve de la noche para poder irme de la universidad.
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24 August, 2009 – 01:55 // 

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One Comment
es horrible la manera en la que uno tiene que asimilar la burocracia de la universidad.
independientemente del infierno que se vive haciendo fila para una respuesta, el verdadero infierno viene cuando cuando tienes que pagar, o no?
digo, la verdad es que podriamos platicar la situación de cada alumno que va a pedir un credio, una beca, o lo que sea, hasta una prorroga.
la universidad, lastimosamente no se da cuenta de cada una de las situaciones tan dolorosas por las que un estudiante pasa.
la uaa se ha vuelto una institución rígida y sin voluntad para tratar con estudiantes, sino tratar con personas que le ayudan atraer más y más dinero.
es mi humilde opinión.
me gustó tu texto