Insurgentes | Steven Wilson (2009)

22 Oct

¿Qué tienen en común Japón, Israel y la Ciudad de México? Son algunos de los países por los que viajó Steven Wilson para grabar su primer álbum solista, titulado, en honor a una conocida vía de la Ciudad de México, Insurgentes. Si bien el álbum salió a la venta en México desde mediados de Abril, vale la pena detenerse a escucharlo con atención y comentar al respecto.

Steven Wilson quizá sea más conocido por su trabajo como vocalista y líder de Porcupine Tree, banda inglesa de rock progresivo galardonada con un Grammy por su álbum de 2007 Fear of a Blank Planet. Sin embargo, tiene bajo el brazo varios proyectos más, que reflejan sus amplios intereses musicales. Entre ellos se cuentan Blackfield, en donde colabora con el músico israelí Aviv Geffen para crear un rock verdaderamente alternativo; Bass Communion, nombre con el cual publica largas composiciones que van más hacia el ambient y la electrónica, o Incredible Expanding Mindfuck, que se inspira en la psicodelia de los años setenta.

Ahora edita este álbum bajo su nombre, en el que congrega a diversos músicos extraídos de grandes bandas, como King Crimson o Dream Theater. Se puede afirmar que en este disco se conjuntan las diversas influencias mencionadas anteriormente. Tenemos muchas atmósferas y grandes espacios, tenemos instrumentos poco comunes y otros comunes pero procesados, tenemos canciones largas y cortas.

La placa abre con Harmony Korine, canción con la que se promocionó el disco en el micrositio http://www.insurgentes.org. Esta pista se acompaña de un vídeo con influencias surrealistas à la Perro Andaluz, dirigido por el gran fotógrafo danés Lasse Hoile. Cabe mencionar que Harmony Korine es el nombre de un director de cine estadounidense, mas no existe relación entre éste y la música. Para quien esté acostumbrado al trabajo de Porcupine Tree, esta canción será la mejor manera de iniciar el álbum.

Abandoner es una pieza lenta, atmosférica, acentuada por la flauta pasada a través de un pedal wah-wah que nos regala Theo Travis.

En Salvaging tenemos otra canción lenta, ahora con más presencia de la guitarra y una batería de sonido mucho más orgánico en la primera parte de la composición, que luego deriva en algo más espacioso, para finalizar con una pared de sonido.

Veneno para las hadas toma su título de una película mexicana de terror, dirigida por Carlos Enrique Taboada. Continúa con el estilo lento que hasta podría ser calificado como reflexivo y la voz de Steven Wilson que casi susurra “poison for the fairies”.

Tony Levin colabora con el bajo en No twilight within the courts of the Sun, la primera pieza del álbum en la que se detectan con mayor fuerza elementos progresivos como el uso de tiempos no convencionales. Comienza con un extenso pasaje instrumental en el que tanto la guitarra como el bajo y la batería lucen su expresividad y van tornándose más y más intensos, hasta interrumpirse abruptamente y pasar a una estrofa más convencional y un coro de gran fuerza. En la última parte de la canción podemos escuchar el piano a cargo de Jordan Rudess.

Significant Other parece ser la balada del disco, tiene una estructura convencional y un sonido sin demasiada agresividad. Cuenta con la colaboración de la cantante irlandesa Clodagh Simonds en los coros.

Con Only Child encontramos un fondo melancólico, aunque no muy lento, y la suficiente cantidad de ruido y melodía para satisfacer a distintos tipos de escuchas. Destaca el uso de samples de voz al final.

Twilight Coda, totalmente instrumental, comienza con un pasaje acústico (aunque sin dejar el fondo atmosférico sintetizado), con un piano, nuevamente a cargo de Jordan Rudess, que va evolucionando lenta y firmemente durante los 3 minutos y medio de la pieza hasta casi desaparecer y fundirse en silencio con la siguiente canción.

Get All You Deserve es probablemente la canción más lenta del álbum, con un piano eléctrico, esta vez grabado por el propio Steven Wilson, y la batería puntual que acompaña y acentúa los contrastes entre la primera parte y la segunda, que incluye una guitarra más intensa y varios sonidos experimentales.

Por último tenemos a la pieza que da nombre al álbum: Insurgentes. Es una forma bella de terminar un álbum con partes claramente aversivas. Domina el piano y aparece un instrumento poco común en el rock: el koto, un instrumento japonés de gran tamaño pero discreto sonido, que embona muy bien en la canción y cierra magistralmente la placa.

Dentro del disco extra de la edición especial se incluyen temas que fueron grabados durante las mismas sesiones de Insurgentes pero no llegaron al producto final. Este disco comienza con Port Rubicon, que crea una atmósfera opresiva que se transforma en un casi silencio y luego vuelve a la pesadez. Puncture Wound es otra de esas pistas que suenan a Porcupine Tree y que no soprenderá demasiado al escucha. Por otro lado, Collecting Space quizá suene más al trabajo de Steven Wilson con Blackfield. Es una pieza instrumental, directa y sin grandes cambios, aunque destaca un nuevo uso del koto por Michiyo Yagi. Insurgentes (Mexico) es una versión alternativa de lo que ya escuchamos al final del disco 1. Con casi dos minutos más de duración, un mayor uso de adornos de sintetizadores y algunos ecos en la voz son las principales diferencias, además de la ausencia del koto que aparece en la versión original. Un silencio prolongado da paso a The 78, un hidden track que originalmente no tenía nombre, y que remite más a lo electrónico.

Entre las distintas ediciones del disco, existe una que tiene un libro de pasta dura entre sus contenidos, además de un DVD con el álbum mezclado en sonido surround de 5.1 canales, para todos los audiófilos. Es relevante mencionar la realización del documental Insurgentes por Lasse Hoile, basado en la grabación del álbum y la curiosidad de Steven Wilson por viajar alrededor del mundo para inspirarse en la composición de la música.

En general, Insurgentes es un disco de contrastes. Aunque predomina lo lento y lo ambiental, en más de una ocasión esto se transforma en algo de mayor intensidad, llegando incluso a lo que podríamos llamar ruido, entendiéndolo también como herramienta musical. Tiene momentos agresivos y otros de gran belleza y emotividad. Si se está familiarizado con cualquier proyecto de Steven Wilson, acercarse a Insurgentes será relativamente más sencillo, pero es un álbum que merece una oportunidad de cualquier escucha  que esté dispuesto a prestar sus oídos y su cerebro por poco menos de una hora, y ganar con ello una experiencia musical bastante particular, bordeando en ocasiones en lo hipnótico.


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