La batería del solo de Goldberg bullendo esplendorosa; y yo, doblado como rana, reduzco pitillos a filtros color mostaza.
Siempre y cuando llueva un poco mi entrada para Hernani no será desperdiciada. Sentarse aislado, al fondo, y entre las voces del reparto sentir sonoramente las gotitas joderse resignadas contra la bóveda del teatro, para escurrir por los canales hasta adelgazar en la calle la mierda de los gatos y el olor a chorizo y ajo en los tenduchos.
Digamos, en cuanto a la malevolencia fina con que Goldberg pega a sus platillos que no únicamente cabe en este mundo la especialización, sino, al unísono, el ocio para concretar la mirada y ver cómo un triste fuego perceptible apenas clausura el método humano para comercializar tabaco: nirvana de contemporáneos.
Un buen fumador sabe la cercanía entre un cenicero con diez filtros y el verbo avejentar, y, análogamente, por supuesto, Goldberg sabe cuándo es propicio darle paso a una trompeta. Calla unos segundos, me permite escuchar esa llovizna en desarrollo, su desarrollo mismo, se adentra a la selva la trompeta y es en este instante que hago lo mismo con mi pensamiento en un cerro de cosas que giran apretándose cual tuercas chillonas de puro óxido, lerdas para empezar su asfixia.
Después de la asfixia una oxigenación favorecida por mi cielo de líquidos incontenibles y, en el limoso fondo, temor al no romanticismo, a acabar metido a culatazos en el sistema de pitillo mas tequila, de besar el mingitorio mientras se vomita y la marcha se reinicia.
Se estará tan tibio y cómodo en el auditorio, amurallado entre barricadas de paraguas y butacas que el espacio para ser iguales provocará la befa general. Me infarto si cada cual no adecua un Hernani diferente, un señor con bigote diferente, una temperatura diferente, un bonete calado diferente, bendito todo por desencajado.
Llegas con tu paso de gusano cuando la trompeta escandaliza, te siento en el hundimiento del colchón, en la grosera y perra forma de aparecer antes de tiempo. Entonces hago malabares, jugarretas; jugamos a lanzarnos mi cerebro irresoluto. Me veo en este justo sitio y en este justo tiempo quemando y fumando inapacible mi entrada para Hernani, veo tus manos como pinzas vitaminando al no romanticismo, al quédate a escribir y más allá del vómito celeste están mi Hernani, mi señor con bigote, mi…
- Carlos Alonso López
>







19 October, 2009 – 21:09 // 
>
>
>
>
>
>
>
>
>