Caminos Centrifuga

24 Nov

Caminos Centrifuga

Aby W.

Hablo de tu ausencia
como si fuera la sopa hirviente de todos los días,
del niño, y de las tardes nubladas donde puedes
hundir los dedos de los pies dentro del pasto helado,
y dejar caer el cuerpo abriendo la boca,
comiendo la tierra, respirando, y tratando
de encontrar razones para no creer, que he muerto
y no he llegado a tu mesa

Bajar las escaleras a las ocho de la mañana,
tomar café, comerte el periódico a tiras de depresión,
buscando la manera de encontrarte en algún clasificado
que se titule más o menos así: “material tóxico” o
“material antiguo y cortante”, o algo que duela,
y de todos modos se disuelva

Si tomamos un tranvía o cojeemos las bicicletas, pero huir.
Incluso usando los labios, humedeciendo los ojos.
Es normal en estos días veinticinco, querer reírte,
como si tuvieras entre los dedos todas las certezas
que parten desde un sentimiento, roído por la razón,
o por algo que tenga que ver con muchas neuronas
aprisionando en el estómago hasta el pecho

Sólo necesitamos un par de botas, y más de diecinueve
miradas para ya estar del otro lado, o comiendo el pastel
de la abuela que hizo para nuestra no boda.

Utilizamos tijeras para cortar el césped crecido desde el
invierno pasado, cuando no salíamos de la habitación,
porqué habían causas radiantes, como cabarets

Japoneses, que nos obligaban a estar atados a
cuatro paredes y una almohada

A esta hora de la madrugada, olemos a todos los aromas
reverberantes de las orquestas y los teatros en los centros
de las ciudades, donde no van nuestros pasos apresurados
ni nuestros ojos jugando a cámaras fotográficas. Por qué
tener este fatalismo nos revive tanto, tanto, de tal manera

que parecemos espectros luminosos en busca de un mundo
rojo y blanco, simultáneamente…


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