Esos cruceros de mi ciudad
24 Nov
TEXTO y FOTOS: Susana Hermosillo Mondragón
A pesar de la veda que se declaró por parte de Gabriel Arellano hace un año y medio, de no admitir la comercialización y negocios en los cruceros.
MISMO RUMBO DISTINTA VISTA
Sobre la carretera número 45, boulevard salida a Zacatecas, se puede observar un profuso movimiento comercial. Exactamente en el kilómetro 7, se ubica el novedoso complejo Altaria, considerado uno de los centros mercantiles más importante de la región, ya que es un espacio conformado por tiendas que ofrecen líneas de productos que portan marcas de prestigio. De la misma manera, podemos encontrar sitios que permiten el esparcimiento, entretenimiento y la convivencia familiar. Frente a éste, se localiza la plaza comercial Galerías, lugar en el que se puede adquirir y contratar una infinidad de productos y servicios de renombre. Un kilómetro más adelante, encontramos el crucero que fusiona las avenidas Siglo XXI y Panamericana. Al igual que Altaria y Galerías, esta zona es comercial, sin embargo lo que te pueden ofrecer son artículos sin marca y algunos servicios considerados ilegales.
TODO UN MUNDO Y ESTILO DE VIDA
La mayoría de los comerciantes del lugar tienen algún vínculo familiar. Padres, hijos, tíos, primos, están dispersos en cada una de las esquinas para cubrir toda el área y no dejar que se les escape la venta. Asimismo, hombres y mujeres que laboran en este sector se conocen y atan lazos para formar familias y escribir nuevas historias de apego. Las personas del lugar aprenden a convivir y tratan de hacer que sus horas de labor se hagan un poco más ligeras bromeando y platicando sobre asuntos cercanos. En ocasiones, gente de otras provincias llega al crucero a tratar de hacer negocio, como es el caso del Sr. Sergio Cruz que año tras año viaja a nuestra ciudad para vender sus productos.
Él asegura que durante dos meses deambula por las calles del centro y los cruceros principales en busca de la venta para obtener dinero que le permita sobrevivir en urbe ajena y poderse dirigir hacia otra ciudad. Hablando de las condiciones del sitio en esta temporada de fríos crudos por la mañana y calores insoportables, el sol cae sobre los hombros de los vendedores quemando y asolando sus energías. Sus rostros denotan cansancio; sus pieles matizadas, vituperan en contra del astro luminoso por causarle tantos estragos. El ambiente del sitio es desalentador y pesado; la atmósfera esta cubierta por una mezcla de gases intoxicantes que son expulsados por los automóviles que transitan por ahí. Estos ciertamente envenenan el organismo.
PRODUCTOS SEGÚN LA TEMPORADA.
Bolis, bolis! Grita doña Tere , mientras carga un bote blanco repleto de rompopes, cubiertos con una franela mojada para que el sol no los desbarate. Don Carlos, ofrece jugos de naranja y zanahoria por las mañanas durante toda la temporada de calor. En febrero el crucero se adorna con los papalotes que revolotean por ser comprados. En este mismo mes, las rosas se venden individuales o por docena; en temporada de lluvias los impermeables se hacen presentes. En septiembre trompetas, matracas y banderitas tricolor colorean la zona para festejar las fechas patrias; entrando noviembre, las mascaras de espectros cuelgan en las manos de los vendedores y en invierno, las bolsitas de mandarinas y cañas se venden al por mayor. Muchos de los trabajadores buscan alternativas de mercancías para no quedarse sin trabajo durante el año. En excepción de los limpiaparabrisas, guías de traileros y los tragafuegos que están al servicio con un mismo oficio durante los trescientos sesenta y cinco días del año.
OFICIOS NO OFICIALES
Algunas veces los conductores exigen a los limpiaparabrisas que ya no ensucien sus autos. El semáforo cambia de verde a rojo y Jaime de veintitrés años corre hacia el centro del crucero, los automovilistas lo observan y desvían la atención hacia el semáforo esperando que cambie nuevamente de color para avanzar. En eso con gran habilidad Jaime echa un brinco al cofre del vehículo para pasar la fibra con jabón sobre el vidrio; rápidamente pasa una especie de jalador que quita el detergente y por último limpia con una franela húmeda para no dejar residuos.
El tiempo está calculado, aproximadamente diez segundos en lo que las luces del semáforo cambian a verde. Los conductores buscan entre sus bolsos, carteras o guanteras del automóvil algunas monedas para darle a Jaime y a su amigo Giovanni quien está en la otra parte del crucero, otros simplemente suben los cristales de las ventanas del auto y se hacen los desentendidos. Tanto Giovanni como Jaime, están al pendiente de las rondas de la policía, porque si los ve limpiando parabrisas, los detienen y los encierran 36 horas, debido a que este oficio no esta permitido.
Entrevistando al suboficial, Misael Flores Terán, que se encarga de vigilar esta zona, nos informa que desde hace cuatro años se instituyo una regla en el código municipal, en la cual se estipula que el limpiar parabrisas, aventar fuego y hacer malabares son faltas administrativas, ya que obstruyen y molestan a los automovilistas que circulan por ahí.Además de esto, asegura que varias de las personas que están en el crucero, sólo se dedican a robar y a ejercer violencia en contra de los automovilistas. Esto es verídico y no se puede negar, sin embargo no todos son así. Las personas que ejercen noblemente estos oficios, siempre están con el “Jesús en la boca”, pues si los llega a agarrar la policía les va muy mal. “Los policías nos golpean hasta más no poder y nos dejan tirados sin dinero y a veces encuerados; nosotros hemos ido a los derechos humanos pero no hacen nada, y no se porque son tan malos, si nosotros solo queremos trabajar para comernos un taco”. Estas declaraciones que hace Giovanni limpiaparabrisas de 19 años, dejan de manifiesto que muchos de ellos sufren el abuso injustificado de las autoridades. De igual manera, comenta que los policías los amenazan con matarlos si dicen algo referente a las injusticias que cometen con ellos, “si alguno de los polis se entera de que abrimos el pico, de rato nos topan y gacho con la calaca”. Las cicatrices que están impresas en el cuerpo de este joven, nos muestran las agresiones que ha sufrido, él trata de ignorarlas, pero aunque así sea, estas son marcas indelebles que no sólo sellan su piel, sino también sellan su alma.
Y AL CAER LA NOCHE
Dos botellas de gasolina, una sucia mochila y una mujer joven con un bebé entre brazos, aguardan en el camellón. La chica acompaña a su esposo durante su jornada de trabajo. Juan de 22 años que es tragafuegos ejerce su oficio por la noche en el crucero. Él decidió trabajar en esto porque afirma que es su única manera de subsistir. “Nadie me da trabajo porque no se leer ni escribir, por eso es que aquí me tienes” Juan cubre una jornada de cuatro horas normalmente; durante ese lapso acumula alrededor de ciento cincuenta pesos, esta cifra suena bien pero él arriesga y lucha mucho para obtenerla. Su experiencia como tragafuegos es amplia, puesto que tiene cinco años viviendo de esta manera. “Con el paso del tiempo el olor y el sabor de la gasolina van formando parte de tu vida”, esto expresa Juan mientras dirige su mirada nostálgica hacia los automóviles.
La profesión no parece fácil, cuando distingue el semáforo en amarillo Juan se prepara, enciende un palo de madera, se hecha un trago de gasolina y pronto corre al centro de la carretera porque no puede retener por mucho tiempo la esencia en su boca; coloca el palo con la llama hacia arriba, ágilmente escupe el carburante en forma ascendente hacia la flama, en ese momento el calor se hace presente, Juan se convierte en dragón, el fuego emana de su boca para alumbrar la opaca noche. Cuando Toda la gasolina sale, Juan se limpia la boca con un trapo y de una manera veloz comienza a pedir dinero a los automovilistas. Algunos ni cuenta se dan de su presencia, otros lo ignoran, unos más lo admiran y otros le dan una moneda. “Para empezar pues el retener la gasolina en la boca no es fácil; cuando le di el primer trago, sentí que se me quemaba la boca y mi panza rechinaba. Con el paso del tiempo los sabores se van despareciendo, también sentía que me mareaba, hoy ya no lo siento. A lo que no me puedo acostumbrar es a los porrazos de la tira, a cada ratito vienen a joder”. Así es como el tragafuegos describe su sentir hacia su actividad.
Seguramente a muchos de ustedes no les sorprenda este trabajo, pero independientemente de ello hay que aprender a observar y a reconocer la labor de la gente como Juan, que más que una labor de entretenimiento es toda una faena artística.
EL PELIGRO Y LAS GANANCIAS
Teresa madre de 3 hijos, se dedica a vender lo de temporada. “no pues el día que mal nos va salen 150 libres, pero normalmente se ganan de 200 a 300 pesos diarios”. Comparando los ingresos de la señora Tere con el salario mínimo de un trabajador de fábrica le va muy bien, pero finalmente el riesgo no desaparece, éste esta vigente a cada segundo. A pesar de todo el peligro que corren al hacer este tipo de suertes en los cruceros, los tragafuegos, comerciantes, limpiaparabrisas y guías, reconocen esta labor como su único modo para vivir y ganar dinero, además de que afirman es un negocio redituable puesto que llegan a ganar en temporadas altas hasta 300 pesos en un día. Aunque el trabajar en un crucero tiene ventajas, también hay factores de inseguridad a la que se exponen hombres, mujeres y niños que laboran en estas partes de la ciudad. Uno de los factores más preponderantes que orillan a este sector poblacional a buscar empleo en las calles es la falta de estudios y la escasez de empleo que existe en la ciudad para ellos. E aquí una evidencia del acontecer social en el crucero, que como muchos sabemos es una zona que encierra una infinidad de cuestiones socioeconómicas y sobre todo nos muestra ejemplos de vida y formas de subsistir a este maldito sistema.
- Susana Hermosillo Mondragón





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