Sustituyendo a la pistola una máquina para rapar, y, para sancionar deslices, intentos o consumaciones del género sexual, bien apuntalada al alma, la consigna de Los Paracetamoles: “Rapes malogrados para evidenciar a los canallas”.
En resumidas cuentas, Los Paracetamoles son una cuadrilla de gentes autoproclamadas intachables, resueltas a reivindicar con la herramienta del escarnio a los impuros que se acarician por la calle, que con sus carnes imantadas, de moral jodida, pretenden atraerse libertad de a poco. Ellos patrullan las ciudades en grupos de tres; cuando se aproxima el día del amor y la amistad, requieren dos elementos extras a manera de refuerzo. Desde luego, en vísperas de fechas como ésta, sus reclutadores redoblan jornada en casi todas partes: escuelas, sanatorios, oficinas, por supuesto lupanares.
Sus incursiones resultan eficaces en extremo, mecánicas como diarrea que deshidrata. En caso de topar con reincidentes, la cuadrilla sustituye el rape con un saneamiento de testículos. El saneamiento de testículos consiste en instar al propio repetidor a depilarse aquellas partes a tirones, so pena de un proceso denominado endurecimiento de testículos, quién sabe qué querrán decir con esto. En relación a las mujeres, las agresiones resultan más que similares. Con castigos tales, los reincidentes son escasos. El Paracetamol graduado es un maestro de la contundencia.
Rastrean mejor que sabuesos en bares, miradores, cafés y coches. Éstos últimos son su especialidad; ni siquiera se molestan en trabajar fuera de ellos; rompen cristales, aprisionan cuellos, rapan cabezas y se sienten vivos al poner en práctica el fundamento de su doctrina: ¡Paracetamoles, suprimamos calenturas! De igual manera, los impulsa el compromiso de fundar una república, cuyo nombre será, república del beso nulo. En lo personal, ojalá fracasen.
Sin consecuencia alguna, Ricardo Azul fue besador profesional por seis años consecutivos, al final, su cabeza mal rapada, su zona íntima incapaz de sensaciones, hacían que los nombres de Lulú, Xané, Tita, Caty, entre muchas otras contratantes, le supieran a pañal en la boca. Mientras Ricardo sufre, el Frente Amatorio Anti Paracetamoles (FAAP) debe estar aletargado por ahí, lo aseguro.
Somos Acolnahuacatzin y Cuetlaxochitzin. Es nuestra primera vez en esto, estamos con miedo, con las bocas juntas, a la espera de que algún cristal reviente y nos rasguñe los cachetes. Antes estuvimos lamiendo nieves por el centro, ahora, atrincherados en un vocho, sin salida posible. Por los costados, vemos acercarse las sombras espectrales de varios Paracetamoles.
(Nosotros somos el señuelo, el FAAP está por emboscarlos).
Nota: A decir del pesimismo o el optimismo del lector, la frase entre paréntesis podrá ser descartada o adicionada al resto del texto. De optar por lo segundo, tenga la delicadeza de extrapolar unos instantes.
- Carlos Alonso López.
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22 November, 2009 – 21:38 // 
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