Precipitación Intramuros
14 Mar
Por: Sergio Eduardo Rodríguez
Como todos deben de haberse dado cuenta, en últimas fechas, la ciudad experimentó un clima bastante peculiar, lluvioso a más no poder. Esto, como es de esperarse, trajo consigo varios problemas: cierre de escuelas, creación de (más) baches, accidentes de tráfico, inundaciones en algunas partes del estado y sobre todo, goteras.
Ahora bien, sé perfectamente que a comparación de los otros problemas que nombré, las goteras pueden resultar insignificantes e inclusive ridículas; sin embargo se debe tomar en cuenta que en un periodo de lluvia tan prolongado como el que tuvimos, una gotera constante y que no para ni un segundo es bastante molesta. ¿Qué pasaría si se tuvieran más de veinte goteras? ¿Qué pasa si esas goteras se encuentran todas en el techo de un salón de clases? Simple, el salón se vuelve inutilizable.
Eso fue exactamente lo que experimentaron mis compañeros de la carrera (Ciencias Políticas y Administración Pública) cuando todos los salones de mi edificio se vieron afectados por esta molestia. Las 5 aulas tenían grandes goteras, unas más que otros pero sin lugar a dudas, mi salón fue el más afectado. La situación era ridícula, el primer día muchos estábamos bromeando acerca del problema, que si era la alberca de la carrera, que si tenía clima controlado, que si estábamos mejor debajo de un árbol. Pero en el fondo creo que todos los alumnos sentíamos indignación.
Nuestra situación no era compartida por ningún otro salón, no veíamos que otros alumnos pudieran chacualear (ya sé que no es exactamente una palabra reconocida por la RAE, pero tampoco lo es “twitear”) dentro de su salón, además de que no era la primera vez que esto sucedía. Año con año nos topamos con esta situación, se vienen las lluvias y con ellas las goteras, aunque nunca como ahora. El colmo es que supuestamente ya habían tomado las medidas necesarias, según esto, al edificio le habían dado una buena manita de gato con todo e impermeabilizada la cual obviamente no sirvió de nada.
Esta vez fue insoportable y como no había forma de hacerse de la vista gorda, nos cambiaron de salón. La carrera fue movida al CAADI, cuyas instalaciones de verdad son mejores en varios sentidos a las aulas que normalmente tenemos. Fue una crueldad el habernos mostrado ese otro lado de la universidad, para después regresar a lo habitual; siento que es como ir de vacaciones a un lugar bonito y después regresar a tu casa con goteras.
Lo que en lo personal encuentro más conflictivo acerca de esta situación es que no sucedió en una primaria chafita cualquiera, ni en una casita vieja y maltratada, sucedió en un edificio de la Autónoma, la máxima casa de estudios del estado de Aguascalientes.
Desde nuestro salón provisional del CAADI podíamos ver uno de los anuncios que informan sobre los logros recientes de la universidad, sobre sus últimos premios y cosas así. Pues con todo y premios, mi salón tiene goteras.
Por lo pronto, ya están arreglando el edificio, o al menos eso parece, tendremos que esperar a la verdadera época de lluvias para averiguarlo; tal vez la solución sería cambiarnos de salón, petición que ya se ha hecho anteriormente, aunque no creo que suceda. Espero que esta vez, la administración y mantenimiento de la UAA haga bien su trabajo y no nos tengamos que ver en la necesidad de cambiarnos nuevamente de aula.
Cuando vea el cielo nublado, me aseguraré de llevar lo necesario para estar en clase: cuadernos, plumas, libros y paraguas.


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