De hipsters, fragones y apatía hidrocálida
27 Apr
Por Sergio Rodríguez
Estaba yo en el centro, un buen día de feria, cuando al pasar cerca de la casa de la cultura una extraña visión capturo mi atención. Tenis multicolores, sombreros tipo fedora, pantalones que cortan la circulación a las extremidades, imitación de lentes ray-ban de colores mutantes, peinados elaborados, playeras chillantes, palestinas: estaba en territorio hipster.
Con mucho cuidado, trate de no hacer ningún movimiento precipitado que asustara a la fauna local y silenciosamente me deslice al interior de la Casa de la Cultura pra checar el cartel y poder ver que banda se presentaría esa tarde. Pues resulta que eran los Little Dragon, banda sueca que hace poco colaboró en el último disco de Gorillaz, estuvieron en Coachella 2010 y que toca una mezcla de electro-jazz-soul, según el folletín que regala el ICA,
Al principio me sentí un poco incómodo, porque la verdad toda esa onda es para nada de mi estilo, pero de todos modos decidí darme la oportunidad de disfrutar algo diferente. Mientras esperaba al inicio del concierto, me encuentré con un amigo y empecé a platicar, pero sin perder de vista a los nativos. Probablemente fuera solo mi percepción, pero me pareció que todas esas personas de pantalones coloridos y apretados tenían un cierto aire de superioridad, como si supieran algo que los demás no.
Por los fragmentos de conversaciones que pude captar me pude dar cuenta que estas, además de ser banales (de hecho, sin importar como seas, lo más probable es que el 98% de tus conversaciones sean banales) eran pretenciosas, como queriendo demostrar algo. Pues bien, supongo que los hipsters tienen algo que el resto de nosotros no.
Ahí estaba yo, sumido en mis reflexiones banales sobre conversaciones banales cuando dieron las 7 PM y comenzó el show. Los Little Dragon tomaron el pequeño escenario y empezaron su acto. A la primera impresión, la canción me sonó como algo de otra banda llamada Broken Social Scene, para después dar paso a otra composición más electrónica. Lo más destacable era el sonido de la batería que no se limitaba solamente a ser sección rítmica, sino que llevaba a cuestas la canción dándole una extraordinaria potencia que invitaba a mover el cuerpo.
Yukimi Nagano, la vocalista, le ponía mucha potencia a su acto en vuivo, bailaba, saltaba, agitaba su inaudible pandero, hacía todo lo posible por motivar al público… pero nada resultaba. En el recinto se encontraban un aproximado de 400 personas, la mayoría hipsters, pero solo 5 individuos parecían reaccionar a la música.
Fue entonces que me di cuenta de una bonita realidad: los hipsters son igual de antipáticos que el resto de nosotros. Por lo menos los hipsters hidrocálidos son igual de antipáticos que él resto los hidrocálidos. No sé si fue la decoración, la iluminación o la presión atmosférica, pero los jóvenes de vestimenta llamativa permanecían inmutables.
Debo confesar que me dio un poco de tranquilidad el averiguar que debajo de esas ropas llamativas, actitud despreocupada y conocimiento de bandas indie, existen personas que actúan con la misma indiferencia y apatía que una persona que solo escucha lo que le ponen en el radio y que compra su ropa en Wal-Mart o una boutique de Expo Plaza.
La actuación de Little Dragon se vio opacada por la casi inexistente participación de la gente. No quiero decir que fuera culpa de los hipsters, porque la verdad es que el común de los aguascalentenses parecemos predeterminados a no expresar que nos estamos divirtiendo, a menos que sea un evento verdaderamente grande o que nos encontremos en un lugar en el que se supone que uno va a divertirse, como discotecas o bares. Es decir, parece que hay un temor a hacer algo diferente, a encontrar y expresar diversión en lugares y eventos distintos.
Lo curioso es que ni siquiera esas personas de gustos alternativos y una cierta actitud de superioridad se atreven a hacerlo. Al final, no somos tan distintos.
Foto: Víctor Pérez


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Pero no había solo Hipsters, también Hippies, ravers (reconocí a muchos de aquellos tiempos cuando cada fin se hacían las “fiestas electrónicas”) y gente como mi esposa que nomas fue por mi… a mi parecer era la mitad de “hipsters” lo que había y de seguro, muchos de ellos hiban igual que yo: a escuchar a Little Dragon por primera vez. Los de Little Dragon se llevaron mis aplausos -nomás- porque me parecieron más de la onda para los gustosos del indie-hipster-hippie-electrónico fans de Bjork… y seguro no falto el que fue “porque son INDIEEE goeeeii”.
El evento dio lo que tenía que dar, quizás si lo hubieras pasado a un lugar cerrado, mas noche, y la gente con mas que copas en la cabeza habría reaccionado con un poco mas de Euforia, como te habría gustado ver.
Cualquier banda de esta índole está condenada a estas respuestas, pues Aguas no tiene difusión de música alternativa, y tocar aquí es llenarse de miradas de descubrimiento, más que de euforia de quienes los esperaban.