De certámenes y universidades

20 May

Departamento de carnes frias.

Por Christian Muñoz

Gracias al manejo de la mercadotecnia, es habitual observar a diario y en todas partes, mujeres y hombres mostrando una apariencia impecable. Es tambien comun idealizar este tipo de “perfeccion” como el fin de la existencia misma, pues nada tiene relevancia si no encaja con los estándares  establecidos. La belleza es entendida como armonia, equilibrio y proporcionalidad, aunque también es entendido como “bello” todo aquello que nos produce placer o nos genera cierta satisfacción; bella es la música, bellos son los sabores olores y colores, en este sentido ¿Por qué tratar de objetivizar algo que por naturaleza es diferente para todos? ¿Por qué establecer mediante criterios abstractos quién o quiénes son reinas de belleza o candidatas a dicha adulación? Y aun más grave, ¿por qué realizar estos certámenes de belleza en una institución de nivel superior como los son las universidades?

Hace algún tiempo un grupo de investigadores de la universidad de Cambridge realizaron un estudio matemático para identificar entre algunas celebridades quien era la mujer perfecta: el estudio se basa en la proporción entre la anchura de la cintura y de las caderas. Y han descubierto que: “la mejor relación cintura-caderas es la de 0,7, que es precisamente la que ostenta la protagonista de Los Cuatro Fantásticos: Jessica Alba, hecho que la convierte en una mujer perfecta, científica y matemáticamente hablando”… A mí me sigue pareciendo fea.

Es innegable que dentro de la dinámica y el glamour de los certámenes de belleza; existe un transfondo económico, desde tiempos remotos existen antecedentes de este tipo de prácticas, con la finalidad de identificar a la “reina de la primavera, del pueblo, de la feria” etc.  Pero es en 1854 cuando esta práctica se formaliza y comienza el proceso evolutivo de mercantilización que actualmente conocemos. En México y en particular en la Universidad Autónoma de Aguascalientes para no quedarnos atrás hemos reproducido estas prácticas; la dinámica es muy sencilla; solo se requiere de una escenario en un antro de moda, un jurado bizarro, como un transexual, un representante de alumnos una ex reina de belleza y los votos: traducidos en dinero proveniente de las entradas al centro nocturno y lo más importante; estudiantes universitarias dispuestas a mostrar un poco menos que su intelectualidado y su preparación reduciendo la trascendencia de la formación universitaria a 25 segundos de pasarela con un atuendo escandaloso y un caminar forzado incentivado por la algarabía y regocijo de propios y extraños que nutren la rechifla con gritos mórbidos.

¿Es realmente necesario que en nuestra máxima casa de estudios estas prácticas tengan cabida? Indudablemente una universidad fue pensada para algo más que eso; exhibir a las estudiantes (aunque estas así lo deseen) no es algo que deben solapar e incentivar las autoridades. El absurdo argumento de pensar que este tipo de certámenes fomentan la unión y compañerismo entre las participantes, es un argumento pobre y que se puede subsanar con cualquier actividad de otro tipo.

En la Universidad, existimos peronas que nos oponemos a estas prácticas no solo por que denigran a la mujer, la exhiben y ridiculizan, si no por que nuestra formación humanista e integral es contraria a la naturaleza y origen de dichos certámenes. La belleza comprende aspectos psicológicos; es inteligencia, prudencia, salud y congruencia. Incluso suponiendo que científicamente se pudiera encontrar el valor objetivo de dicho término, este, tendría un significado diferente en cada uno de nosotros; respetar la pluralidad y universalidad de ideas no implica permitir estas prácticas, implica que se deje de intentar recrear la premiación de la exposición ganadera en nuestras aulas.

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