Tenemos lo que merecemos pero ¿ya nos llegó el memo?
1 Jul
Por Sergio Eduardo Rodríguez Trejo
Como ya se habrán dado cuenta, cada cierto tiempo, los pocos individuos que conforman la élite política hacen como que les interesa el resto del mundo y el resto del mundo hace como que le interesa la política (la de verdad, no nada más los chismes que mantienen a los medios de comunicación), justo entonces, empiezan a ocurrir cosas de verdad interesantes.
De repente, gente que jamás ha hecho nada productivo en mucho tiempo, sale a las calles a desvivirse por personas que ni conocen, a perder cachitos de su vida por instituciones que siempre los han defraudado y a las que normalmente se pasan criticando, todo por la vaga ilusión de que cuando su candidato llegue al puesto por el que está compitiendo, les de trabajo de lo que sea, literalmente, de lo que sea. Siendo honestos, cada quien puede hacer lo que se le dé la gana, si hay personas a las que les motiva estarse horas bajo el sol pegando estampitas, repartiendo pulseras y agitando banderas, pues bien, que lo hagan, solamente me gustaría señalar la inutilidad a largo plazo de estos actos.
Todo mundo sabe que en nuestro país la política es usualmente calificada con puros adjetivos negativos, supongo que la manera de hacer campañas tiene algo que ver. Honestamente, las campañas en nuestro país son de una ínfima calidad, eso de cambiarle las letras a canciones populares, inventarse slogans disque pegajosos y tapizar la ciudad con su publicidad me resulta algo ridículo y en ocasiones hasta molesto. Que acaso no se dan cuenta de que no tenemos memoria de pez o porque rayos tienen que poner un cartel en cada poste, uno tras otro.
Quiero suponer que a más personas les molesta, pero la realidad es que muchas veces estás campañas se realizan a un nivel tan bajo dado que el nivel de exigencia de la ciudadanía es ídem. Desde que tengo memoria, las campañas políticas siempre se han realizado en el mismo tenor y utilizando casi exactamente las mismas palabras: progreso, cambio, bienestar, trabajo, empleo, unidad, esfuerzo y demás adjetivos que suenen a avance y calidad de vida.
¿Qué nos ofrecen los candidatos actuales que no se nos haya ofrecido antes? La pregunta es en serio, no quiero que se piense que esta se hace en un sentido demagógico, es un cuestionamiento legítimo ¿en qué se diferencian las campañas actuales de otras hechas en años anteriores? Posiblemente la razón por la que no se cambia el sentido de las campañas es porque las necesidades de la población siguen siendo las mismas. Pareciera que las campañas se hacen con molde ya que siempre se cuenta con los mismos ingredientes: candidatos polémicos, los que presumen de ser una opción nunca antes vista, acusaciones a diestra y siniestra, encuestas con resultados inconsistentes (las ganan quienes las pagan) y sobre todo, la promesa de un mejor mañana.
Si bien las campañas en lo general parecen no cambiar a través de los años, en lo particular si es posible encontrar diferencias entre partidos. Por ejemplo, mientras que en el PRI la campaña está planteada para desligar a su candidata a la presidencia municipal de cualquier acción o persona que haya estado antes que ella (una nueva política es la que…), en el PAN no tienen ningún problema con relacionar a su candidato a la alcaldía con el candidato al gobierno del estado (vamos con todo). Mientras estos partidos realizan sus campañas de gran escala, aquellos que son considerados como de izquierda (PRD, PT) se limitan a realizar campañas discretas con las que parecen aceptar su realidad en Aguascalientes. Por su parte, el Partido Convergencia se enfoca a que la ciudadanía vote por la persona y no por el partido, motivo por el cual en sus espectaculares el logo del partido aparece difuminado y la imagen del candidato aparece bastante clara.
Con estos simples ejemplos se hace notar la relación que guarda la política y la mercadotecnia, lo cual no tiene nada de raro, en cualquier país en el que se realicen elecciones habrá campañas que intenten vender a cierto candidato o partido; como ya dije, el problema es el nivel en el que se realizan las campañas, es más, el nivel de las campañas no sería problema alguno si estas en verdad rindieran frutos, y no me refiero a que rindan frutos para los candidatos, sino para la ciudadanía que los posicionó.
Sería como tener un acuerdo entre sociedad y partidos: nosotros, los ciudadanos, aguantamos tu obsesión por tapizar la ciudad con tu publicidad, tus covers de canciones de banda, tus rencillas personales altamente publicitadas y hasta aceptamos que pegues tus estampas en mi automóvil, con la condición de que cuando llegues a tu puesto me cumplas de verdad con todas y cada una de tus promesas y si no piensas hacerlo, no prometas cosas que no puedes o no piensas cumplir y abstente de hacer tanto escándalo.
El punto central de la crítica es este, por un lado nos promocionan al voto como una parte esencial y casi sagrada de la vida democrática en México y por el otro el voto se maneja como una simple herramienta de posicionamiento y legitimación de una élite que ni siquiera puede darle seriedad a un proceso de tal magnitud. El voto, su significado y sus consecuencias son un asunto serio. La elección de los representantes es el único bastión que tiene el pueblo mexicano, en nada más tiene el derecho de inmiscuirse ya que supuestamente es por medio del voto que participamos en la dirección y administración de nuestro país, ¿existirá alguien que se lo crea?
SIN AMNESIA
Me permitiré hacer un poco de historia; retrocediendo algunos meses, nos topamos con que dos de las principales fuerzas políticas en el país, por medio de un documento firmado por sus dirigentes nacionales (el cual tenía un trasfondo electoral) finalmente se pusieron de acuerdo y juntos decidieron aumentar un punto al IVA y arrojar una serie de nuevos impuestos para tapar un boquete fiscal que a final de cuentas y según estos mismos actores políticos, no era tan grande.
Otra, como todo mundo sabe, en el país existen dos fuerzas políticas que desde hace mucho tiempo se han declarado como enemigas, me refiero al PAN y al PRD. Estos partidos políticos de aparente ideología contraria, llevan ya mucho tiempo trenzados en una pelea que presenta todo menos argumentos y en últimas fechas, ni siquiera parece tener sentido alguno; el PRD es la izquierda mexicana (utilizo el término “izquierda” de manera bastante ligera), mientras que el PAN tiene la fama de ser la derecha por excelencia, unos son pro-aborto y los otros meten a la cárcel a quienes deciden abortar, unos creen en los matrimonios gay, los otros creen que los gays no deberían casarse, unos son amarillos y los otros azules; en resumidas cuentas, son verdaderamente distintos. Lo curioso es que a pesar de sus diferencias, hallaron la manera de aliarse en contra de un enemigo común: el PRI.
No pueden ponerse de acuerdo para decidir acciones que encaminen adecuadamente el rumbo del país, pero cuando se trata de colocarse en el poder si son capaces de sentarse a dialogar/negociar y olvidarse de todas las acusaciones que han intercambiado. Al menos por el momento están en paz.
¿A qué viene toda esta perorata? Simplemente para recordar el actuar de nuestros representantes cuando se encuentran fuera del tiempo de elecciones. Es de suma importancia tener memoria a la hora de estar en las urnas y que conste que esto no significa que forzosamente se tenga que emitir un voto a favor de un partido, siempre queda la opción del voto nulo. Anular el voto no es lo mismo que abstenerse de ir a votar. El abstencionismo refleja apatía, actitud que también habla muy mal del sistema político mexicano, mientras que la anulación del voto habla de inconformidad.
Aquí cerramos el círculo. Posiblemente los actores cambien, los partidos inviertan roles, se cambie de slogans, o de canción de campaña, se utilicen nuevos medios para promocionarse, pero la situación en general sigue siendo la misma.
Los partidos y sus campañas no van a cambiar por cuenta propia, no tienen intención ni motivación para hacerlo; por lo tanto, la posibilidad de realizar una acción que llame la atención es solamente de la sociedad. La decisión de qué hacer con el voto es nuestra y de nadie más y de ninguna forma le pertenece a partido alguno.


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