La prohibición de la tauromaquía desde otro punto de vista
23 Aug

Por Sergio Rodríguez Trejo
Como muchos de ustedes sabrán, hace algunos días se tomó la decisión por parte de los diputados de Cataluña (provincia autónoma de España) de prohibir las corridas de toros a partir del primero de Enero del 2011. Con 55 votos en contra, 68 a favor y 9 abstenciones se acordó que al iniciar el próximo año, las plazas que aun se mantenían abiertas en esta región cerrarían sus puertas, incluyendo la emblemática Monumental de Barcelona.
La decisión fue lamentada por unos y festejada por otros. Mientras por un lado se decía que esto representaba un duro golpe a la tradición española, otros aseguraban que era una victoria para el bando ecologista a favor de los derechos animales y por lo tanto, correcta. Como era de esperarse se levanto una ola de polémica y no faltó medio de comunicación en el que no se dieran a conocer duras críticas por parte de aficionados y alabanzas por el lado de los partidarios de la medida.
(CC) Foto de flickr/jmanners
Toda esta polémica le dio nuevos aires al antiguo debate de los anti taurinos contra los aficionados, cada uno defendiendo su posición con sus propios argumentos y sus propios medios, tal cual es su derecho. Aquel que se proclama anti taurino puede decir que un toro es como un ser humano y por lo tanto merece el mismo trato, mientras que un aficionado puede contestarle que eso es una estupidez, un toro no es para nada un ser humano. Están en su derecho de debatir y de expresar ideas.
Lo malo con esta clase de debates es que en sí, no aportan mucho para hacer una observación crítica de un caso como lo es el de Cataluña.
Pocas personas se han puesto a examinar lo que implica una prohibición por parte de un gobierno. Reconozco sin problemas que el gobierno debe coartar algunas libertades para garantizar una sana convivencia en la sociedad, como la libertad de matar a tu vecino porque pone su música muy fuerte cuando esta trapeando o la libertad de robarte un coche solo porque tú no tienes uno o porque te pareció más bonito que tu cafetera con ruedas. Cosas que nadie duda en apoyar ya que involucran a las relaciones entre individuos.
Sin embargo existen otros asuntos más obscuros y debatibles, como lo son las corridas de toros. Seamos honestos, nadie es obligado a asistir a las corridas de toros, y nadie está obligado a que le gusten. Nadie. En la sociedad en la que vivimos, cada cual decide lo que le gusta y lo que no, así como las posibles consecuencias de dichos gustos.
El hecho de que se hayan prohibido las corridas de toros me parece una afrenta a esa libertad, ya que fue hecha sobre conceptos morales y eso, no es asunto de un gobierno. El tomar ciertos conceptos morales como la compasión, la crueldad o la llamada decencia y elevarlos al rango de leyes ha demostrado constantemente ser un error. Como ejemplo, podemos recordar lo que aconteció en los 80′s en Estados Unidos, cuando Tipper Gore, esposa de quien en ese entonces fuera senador de aquel país, Al Gore, lideró un movimiento conocido como PMRC (Parents Music Resource Center) ,el cual en nombre de la moral y las buenas costumbres censuraba música que creía inapropiada.
Esto no solo se limitaba al Heavy Metal, sino que abarcaba a artistas de Hip-Hop (estilo musical conocido por la crudeza y violencia en sus letras) e inclusive al muchas veces incomprendido Pop, pues hasta Madonna y Prince fueron señalados como inmorales. ¿De qué facultades gozaba el PMRC para señalar lo que era inmoral y lo que no? absolutamente de ninguna.
Ahora bien, es cierto que entre este ejemplo que involucra música polémica y las corridas de toros, hay un mundo de diferencia más sin embargo ambos tienen algo en común: el involucramiento de una postura moral.
Lo malo de legislar sobre conceptos tan subjetivos es que son fácilmente susceptibles a una tergiversación, es decir, el principio sobre el cual se basaron puede ser utilizado para otras cosas totalmente distintas y sin relación alguna con el asunto para el cual se les tenía pensado.
En lo personal, mi postura sería la siguiente: si los toros te gustan, perfecto y si no, también está perfecto. Tienes derecho a tomar el lado que tú quieras, a creer lo que tú decidas y a ver o no ver lo que a ti se te antoje. Es por eso que si una persona decide ver una corrida de toros y le gusta lo que ve, está en todo su derecho, así como una persona a la que no le gustan está en su derecho de no verlas.
Otro punto que también se señala en este debate es el hecho de que supuestamente se hizo en nombre de la voluntad popular, debido a que se recolectaron 180 mil firmas. Cataluña es una provincia que hasta el primero de enero del 2008 superaba los 7 millones de habitantes. Creo que muy difícilmente alguien podría decir que lo expresado por 180 mil personas es un reflejo fiel del deseo de todos los 7 millones (y más) de habitantes. Otro problema con esto es que si se toma la opinión de un grupo como un absoluto, entonces sería muy sencillo impulsar fines más cuestionables. Tomemos por ejemplo a aquellos que ven a la homosexualidad como un problema, un mal de la sociedad ¿creen que no se juntarían 180 mil personas que desearan impulsar una iniciativa en contra de los homosexuales?
Con este ejemplo tan extremo, lo que quiero decir es que los números no siempre te dan la razón, el hecho de juntar a una cantidad relativamente grande de gente que comparte una opinión no es motivo para imponer algo al resto de las personas.
Es importante no tomar una actitud de superioridad moral, de pretender ser mejor que otra persona solo porque sé piensa que lo que le gusta es incorrecto y no debería existir; porque al final del día, todos tenemos algo de basura por dentro y la realidad es que si se pretendiera juzgar lo que es moralmente correcto o incorrecto, todos caeríamos en una hipocresía tremenda.
– Sergio Rodríguez Trejo


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