El año pasado leímos en la escuela un texto (Freak llama a freak) donde el creador de Hasta en las mejores familias, Federico Wilkins, defendía el programa como bien estructurado y afirmaba ser una de las realizaciones de las que se sentía muy orgulloso. Entre otras cosas decía que había tomado algunas ideas de Federico Fellini, como la gente exageradamente anormal que ponía entre el público. Para justificar en parte la creación de este tipo de programas Wilkins dijo: No hay que darle a la televisión un mayor valor que el que tiene, que es entretener.
Y quizá ni siquiera quería defender los programas estúpidos ya que, como dije, ese programa era para Federico el éxito que lo hacía sentir bien. Si aceptáramos esta frase como verdadera, ya no nos preguntaríamos: ¿por qué existen estos programas a estas alturas, a estas horas, en estos canales?, mientras no encontramos una buena razón para apagar el televisor.

Ahora bien, no trato de defender el programa, ni es mi intención tomar una postura objetiva ya que catalogué los programas sin contenido como estúpidos. Más bien quisiera explicar que el entretenimiento no siempre debe caer en la vulgaridad, y que la televisión, si se lo propone, puede dejar de ser la caja idiota.
Primero supongamos que sea como él dice y que la tele solamente tiene la función de entretener ¿acaso no hace lo mismo la literatura, el cine, el teatro, el arte mismo? y ¿es eso un pretexto, entonces, para hacerlo un gusto popular cuando la razón no es la renovación del alma sino el desgaste de los sentidos? Porque la diferencia entre los dos es abismal. Lo que quiere decir que la televisión puede dar para más y que, si no lo ha hecho hasta ahora, ha sido porque hay gente que sigue revolcándose en el lodo y otros que no han querido aventarles perlas.
El televidente con toda lógica podría argumentar: Pero ¿qué quieres que veamos si no hay muchas opciones? A lo que yo contesto que siempre ha habido dos opciones: sigue viendo Muévete o apaga la tele. Claro está que apagar la tele tiene sus consecuencias: la primera de ellas será convivir con la familia, seleccionar un tema para conversar, o quizás sea peor, que no te quede más remedio que salir al parque o leer un libro. Y no dudo que haya quien prefiera ver los telejuegos aún sin haber llamado. La cosa va a seguir igual si no nos ponemos a exigir o a desechar.
Como sea, creo que la gente no es tonta, sólo le gusta aparentarlo. Si los programas son aceptados deben de tener algo, no necesariamente bueno.
Y es así como se logra pulir la piedra lo suficiente para que brille, para que pensemos que es de gran valor y la deseemos, pero siempre se comete el mismo error al seguir tallándola hasta consumirla en su totalidad. Pasa con las canciones que son escuchadas todos los días, hasta que desaparece la magia sin truco alguno. Es cuando deja de brillar que nos damos cuenta del engaño.
Pero el oro no tiene necesidad de simular su brillo o su valor, y cuando a uno lo sorprende en un poema de Sabines, en alguna canción de Silvio Rodríguez o en una película de Julio Medem, no puede sino reconocer que esa luz enceguecedora le ha abierto los ojos, y aunque nada puede durar eternamente, sólo las cosas que tocan lo más profundo del ser humano son las que merecen ser recordadas.
- Miguel Ángel Ramos Arcila
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