Tag Archives: columnas

{2012} Todavía nos quedan once uvas

 

Bunsen, de Jorge Pinto

 

El 2012 se dejo venir. Con explosiones en el cielo, alcohol en las tripas, docenas de uvas engullidas, ropa interior colorida y los generalmente incumplidos propósitos de año nuevo. Yeah.

Estos propósitos rara vez dejan de llevarse a cabo después del primer mes del año, la rutina y todos los componentes de la vida diaria que no fueron tomados en cuenta a la hora de elaborarlos, terminan por convertir a estos propósitos en poco menos que basuritas del saca-puntas que no tardan en ser tiradas al bote de basura, o al piso, depende de que se te haga más cómodo.

 

La verdad es que nada aterra tanto a las personas como salir de una zona de comfort, por lo que a la hora de ponerse a trabajar para mejorar sus circunstancias o como mínimo modificarlas. Pasa que hasta la más pequeña de las grietas se convierte en abismo y ni modo, ¿Qué se le puede hacer? ¿Qué? ¿Internarlo de verdad? ¿Cambiar yo? Eso no, que el mundo cambie ¿yo por qué?

Para que engañarse, los responsables de nuestra condición somos nosotros. Sóo de nosotros depende hacerle caso al despertador para llegar a tiempo a donde sea que tengamos que llegar; nosotros decidimos si pedimos dos o cuatro tacos de cabeza con harta cebolla porque si no, no saben rico; uno decide si agarra un libro o se pone a ver la novela de las nueve de la noche, la cual está más emocionante que la de las ocho, pero no tanto como la de las cinco, aunque con mejores galanes; es cuestión subjetiva el saber cuánto tiempo se le dedica al estudio y cuanto a Facebook; a cuantas clases entrar (luego no se anden quejando mis autónomos editores) y que apuntes tomar.

Leer [todavía] más »


[No tengo Facebook #3] ¿Lap?

Una laptop es un artículo con el que nos topamos día a día, hace ya algún tiempo pasaron de ser lujo a ser vistas cotidianamente, y cada vez existen más opciones en cuanto a tamaños, diseños y capacidades. “Todo mundo” tiene una, o si no, al menos la quiere y tiene proyectado hacerse de una.

  • En los momentos en que escribo esta columna me encuentro en mi domicilio, sentado cómodamente frente a mi computadora de escritorio, y me pregunto si contar con una laptop es necesario; Creo que en mi caso no lo es. En algún momento he pensado en tener una laptop “para adelantar trabajo en la uni”, pero me conozco y reconozco que siendo honestos, no adelantaría ni madres y seguramente me la pasaría navegando la web y haciendo todo menos trabajo escolar.
  • Estoy muy malacostumbrado al monitor gigante de mi computadora, y cuando he tenido que usar una laptop inmediatamente me invade una sensación poco manejable, siento que las ventanas no caben en el limitado campo con el que cuento. Esta sensación se vuelve rayana en la claustrofobia cuando la laptop en cuestión es una de las llamadas netbooks, donde en la pantalla apenas cabe la barra de herramientas del procesador de textos.
  • En una ocasión tuve un iPod que, dada su capacidad, contaba con disco duro. Recuerdo claramente cómo un día empezó a emitir unos ruidos semejantes a los de un gran mamífero moribundo, que eran el síntoma de la decadencia del disco duro. Poco a poco los archivos fueron volviéndose inaccesibles, y finalmente, tuve que dejarlo ir. Considero que esto mismo podría ocurrirle al disco duro de una laptop, y dada mi naturaleza trágica, no estoy dispuesto a permitir que mis valiosísimos gigabytes de información inútil como trabajos ya entregados o escaneos de facturas se pierdan.
  • Por último, y continuando con las tragedias, pasemos al apartado de los robos. Aquí no cuento con la experiencia tan directa, pero sí puedo afirmar que los objetos “extraviados y olvidados” rara vez reaparecen, no por nada los estacionamientos públicos tienen sus disclaimers pintados. También se puede arriesgar al cristalazo automotriz, lo cual se aúna a la pérdida de los invaluables archivos que mencionaba antes.

Retomando el asunto de los disclaimers, les permito compartirme su opinión acerca del que apareció en la columna pasada. ¿Es necesario? ¿Lo mando a la fregada? No me busquen en facebook, pero comenten en el perfil de Autonomía y sus opiniones se me harán llegar y serán atentamente escuchadas.

- Miguel Soto Orozco


[El Inadaptator] BRMC: Mucho talento y poco éxito

Black Rebel Motorcycle Club (B.R.M.C.) es de las mejores bandas de la ultima década, eso es un hecho, desde la aparición de su primer lanzamiento independiente en 1999 hasta su ultimo álbum el año pasado, esta agrupación se ha dedicado a ofrecer música envolvente y ensordecedora a los oídos de aquellos que aún creen en la formula de guitarra, bajo y batería. El día de hoy he decidido dedicarle este espacio a esta banda originaria de San Francisco, no sólo por encontrarse entre mis grupos favoritos sino que al igual que otros, sin importar la calidad y originalidad en su propuesta, por azares del destino no son tan famosos o exitosos como sus contemporáneos.

B.R.M.C. está conformado por Peter Hayes, ex integrante de The Brian Jonestown Massacre en la guitarra, Robert Levon Been, hijo de Michael Been, antiguo líder de la desaparecida banda The Call en el bajo y Leah Saphiro, ex integrante de The Raveonettes en la batería, con melodías que van desde el blues más siniestro hasta el shoegaze más etéreo, B.R.M.C. además de ofrecer un sonido oscuro, letras con claras criticas políticas y conciertos de más de dos horas, ha sido incluso la única banda emergida de la década pasada que saliendo de su cotidianeidad se atrevió a lanzar un disco de música experimental titulado The Effects of 333, que al igual que los dos volúmenes del Unfinished Music de John Lennon, y el Metal Machine Music de Lou Reed, fue un disco atrevido y totalmente destruido por la “prensa especializada”.

B.R.M.C. no es precisamente la banda más desconocida del todas (han venido a México en dos ocasiones), pero a pesar de que muchos tienen conciencia de ellos, no todos les prestan la atención que merecen, por eso a comparación de Kings of Leon, Interpol, o Arcade Fire no han podido emerger de la oscuridad y los foros pequeños sin importar que tan increíbles o sinceros sean como músicos o personas.

Y esta mala suerte no se limita a poca difusión o criticas pobres, sino que tras ser abandonados por su sello Virgin Records en el 2004 y cambiar constantemente de disquera por bajas ventas, B.R.M.C. tuvo que lidiar con las adicciones de su ya ex-baterista Nick Jago, quién por poco separa a la banda en más de una ocasión, por otro lado, el padre de Robert, quién era también el ingeniero de sonido de la banda, murió el año pasado de un ataque cardiaco, y por si fuera poco, Robert fue encarcelado y multado el pasado Diciembre por el gobierno de Munich con 18, 500 euros por accidentalmente dejar casi ciego a un espectador al lanzar al publico una botella de agua.

Es irónico cuando pensamos como artistas cuya entrega a la música es total, y otros como… bueno, escoja al artista pop que más odia, son tan distantes en tanto calidad como éxito, y a su vez, es esta dedicación al proyecto, insistencia y amor por lo que se hace lo que demuestra quién es quién, por eso, y por lo que más quieran háganle un favor tanto a la banda como a sus fans y compren sus discos que de no ser así antes de darnos cuenta podrían anunciar su separación por falta de recursos.

- Diego Álvarez Quiñones


[El Inadaptator] Post Rock

El más allá y el más acá del rock

Cuando el rock se vuelve obsoleto, repetitivo, y se ve a sí mismo acorralado por sus propios cánones, algunos músicos se dan la tarea de reinventar el género, de darle contemporaneidad y actualizarlo a estos días tan distantes de los años que lo vieron nacer, personajes como Conor Oberst, Jeff Tweedy, y Jack White, con tan sólo una guitarra, han logrado demostrar que con más de sesenta años de antigüedad, el rock aún tiene galleta, pero ¿qué pasa cuando se opta por explorar aún más allá? ¿Cuándo con los instrumentos de siempre se decide crear algo más “picudo”? Eso, es a lo que le llaman “Post Rock”.

¿Qué? Cómo? El post rock es un término (algo pretencioso realmente) que desde los noventas se le ha adjudicado a un número de bandas que bien iTunes podría etiquetar como “inclasificable”, pero que tienen ciertas características en común: se abandona la estructura “verso-coro-verso” y con instrumentos típicos del rock se crean piezas predominantemente instrumentales (la mayoría con títulos alucinadísimos), a las cuales se le integran elementos de jazz, psicodelia, música de cámara e incluso del abstracto krautrock alemán; Como su nombre lo indica, está más allá del rock.

Leer [todavía] más »



(CC) © 2007 /AUTONOMÍA. Algunos derechos reservados.