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¿Sabe dónde se droga su hijo?

Por La Marquesa

Puede ser que este no sea su caso, desde luego, que su hijo  jamás ha probado las drogas, aunque ocasionalmente llega el fin de semana con algunas copas de más y  un fuerte olor a cigarro en la ropa. Ya quedó atrás ese incidente en el que tuvo que ir por su hijo, cargarlo hasta el coche, ayudarlo mientras se arrastraba por las escaleras, y  finalmente quitar con dificultad la ropa manchada por el vómito.

Usted le ha  llamado la atención y le ha retirado el dinero que le daba por semana para cubrir sus gastos, lo que pareciera suficiente castigo para que su muchacho comprenda sobre la manera en que se ha portado.


En la primera cuadra de Avenida Universidad no se encuentra ningún antro, sin embargo, los jóvenes se arremolinan tratando de entrar a un edificio que funciona como área de oficinas en la planta baja, y en la planta alta se haya un salón de fiestas pequeño, al que apenas le cabrían unas veinte mesas circulares en caso de que se hubieran colocado mesas, pero en realidad serían estorbosas para los cerca de trescientos jóvenes, en su gran mayoría menores de edad con esbozos  característicos de la caducada moda emo, son jóvenes que han evolucionado hacia lo “tecktonik”, conservan el pelo planchado, los jeans ajustados, además de muchas perforaciones y la modificación de las orejas, colocando un aro en cada uno de los lóbulos perforados  a la usanza de las tribus africanas. También hay vaqueros, rapers, unos cuantos cholos, cada cual en su grupo y en su espacio, lo que en verdad los une es esa energía que desbordan y las botellas de Rivas, un destilado, cuyo valor comercial en las licorerías oscila entre 25 y 30 pesos.


Son adolescentes que han encontrado en estas fiestas los sitios ideales para divertirse cada sábado, euforizados por el alcohol barato y como un escape a todo lo que les pueda causar estrés.

En este tipo de fiestas se puede encontrar de todo, como ya lo he comentado, los grupos de adolescentes se integran a pesar de que unos bailen banda y otros prefieran el Pshyco, el Dj sabe como hilvanar  la música para que todos logren bailar, cada quien en su momento.


Hace un buen rato que olí la marihuana, pero no logro observar a quienes la están fumando, la marihuana es barata, accesible para los adolescentes, como se cooperan para una cajetilla  de cigarros o una botella de Rivas, también lo pueden hacer para comprar unos cuantos gramos.


Después  de tomar tres cubas, busco el baño, ahí encuentro a un dealer, como son conocidos los vendedores de drogas entre los jóvenes de clase media, convenciendo afanosamente a un muchacho como de veinte años, de que su mercancía es de lo mejor,  -si ubicas a los caches, para que veas de lo que te estoy hablando-. Salí del baño y no supe si lo convenció de comprar.

Debo aclarar que durante toda mi estancia en la fiesta, la  cual acabó a las 2 de la mañana, no hubo incidentes salvo lo que voy a contar:


Mientras veía con admiración a unos chicos con rostros casi infantiles tomar directamente de una botella de Torres, que era la botella más cara que había visto en el lugar, la vista salto a una navaja  en la mano de unos de esos jóvenes renegados, que se niegan a aceptar que lo emo esta quedándose atrás, con su cuchillo improvisado hizo un corte en una lata de cerveza vacía, a mis espaldas rodó  un chico hasta el piso y se comenzaba a ahogar hasta que uno de sus amigos lo incorporo, evitando que convulsionara, cuando mi vista regreso a la lata, esta ya circulaba de mano en mano junto con un encendedor.


Los muchachos no corren peligro. Estos jóvenes no van a un picadero, ni mucho menos a la San Pablo por crack, piedra, o una traca. Solo salen a divertirse cada fin de semana en alguna fiesta.


Extásis

Éxtasis

La noche es fría y húmeda,  sin embargo dentro de la casa nadie sabe siquiera lo que pasa afuera. La música trance suena mientras ellos están sentados en los destartalados sillones y en el colchón manchado que yace frente a la puerta. Las ventanas están tapadas con una cortina, el baño lleno de papel en el retrete, la sala con restos de lo que antes fuese un centro de mesa convertido ahora en cenicero y el jardín trasero, descuidado hasta el hartazgo, luce como una selva virgen, imposible e impenetrable. El suelo está cubierto de restos de cigarros y en la mesa del centro se observan vasos llenos de bebida etílica que pasará por la garganta y será procesada por el hígado. Además, se asoma un cincuentón de mota que llama a ser quemado y muchas tracas dispuestas a ser consumidas.


Alicia es pequeña y delgada, su edad no sobrepasa los veinte años, es más, juraría yo que tiene dieciocho. Es bella y de facciones finas, viste un pantalón desgarrado y está descalza,  sus dientes se ven un poco morados, como si hubiera masticado alguna paleta de ese color y sus ojos están desorbitados, amplios, rojos y perdidos.


Toma una pastilla y la mastica, muerde constantemente mientras chirria sus dientes y cierra los ojos como señal de disgusto. Abre los ojos. Toma el vaso más cercano y vierte algo de alcohol en su boca. Se traga la bebida, la saborea, sonríe, cierra los ojos. Se pone de pie y baila sin parar, tal y como lo ha hecho las últimas 48 horas de su vida.


-¿Quién eres tú güey? – Me pregunta en el momento en que decide ir al baño

-Soy amigo de Liz, ella me invitó – le respondo, aún cuando ella me había hecho esa misma pregunta dos veces antes.

- No te preocupes güey, ya ves como se le va el avión a esta pendeja – me dice Liz, quien está en el mismo sillón que yo.

Liz es robusta y aparenta más edad que Alicia. De hecho es más grande, veintisiete años dice que tiene. Ella es la que se había malviajado. Me cuenta que antes de que yo estuviera ahí estaba escondida a un lado del mueble situado enfrente de nosotros. Lloraba y gritaba a un ser inexistente, le reclamaba algo inentendible. Según los demás, ella se movía de forma violenta. Dice ella que sentía ganas de correr, de salir y de tirarse. ¿A dónde?, ella no lo recuerda ahora.

- No mames, sentía ansias y quería gritar, me malviajé, por eso salí a fuera a la lluvia para bajar avión. – Me dice mientras se levanta del sillón.

Se pone de pie porque una rola le gusta. Es psychedelic trance lo que se oye en el estéreo improvisado con un DVD y unas bocinas de computadora. Liz baila y mueve las manos de forma robótica, se agita con espasmos casi epilépticos, gira la cabeza hacia abajo y se pone a buscar algo en el suelo de la casa. Todos le preguntan qué busca, ella sólo sonríe.

-Pinche Liz, ya estás bien loca, ya andas buscando sabe que chingados. – Dice Ale mientras saca de su bolso otra traca.


Ale es la que más baila y es también la que más se ha drogado. Dice ella que desde hace dos días se ha metido siete tachas, ha fumado mota y ha pisteado de las caguamas que ahora lucen vacías. No ha dormido ni un minuto en un lapso de 48 horas y no tiene planes de hacerlo. Yo pienso que tiene más o menos veinte años, aunque viéndola bien aparenta un poco más. Está descalza y tiene el cabello corto recogido, viste un pequeño camisón aparentemente prestado ya que parece no quedarle del todo bien. Antes de que llegara yo, ella estaba desnuda, bailando y “sintiendo la música” según lo que me dice. No ha regresado a su casa porque no tiene. La corrieron de casa de sus papás que por desmadrosa. Ahora vive en el colchón sucio que está frente a la puerta.


- La neta me vale madres porque mi mamá ya no tiene porqué regañarme y así estoy bien, sí estoy bien pinche loca. – dice mientras se mueve al ritmo de los beats electrónicos.

Ella no trabaja. Dice que la han corrido tres veces de sus trabajos previos y que ahora se mantiene con algunas cosas que vende y algunas veces con lo que su mamá le manda de dinero con su hermano. No habla mucho, sólo en ocasiones grita cosas inentendibles con un tono casi orgásmico.

También corrieron de su casa a Mark, el único hombre en esta reunión. Él es novio de Alicia, es dueño de la casa donde estamos y es drogadicto confeso. Él es el que tiene los conectes para comprar las tracas y la mota. Me platica que antes se metía cocaína pero dice que no le latía mucho porque a cada rato andaba bien erizo, siempre tenía necesidad de otra dosis, ahora sólo le pone cuando hay dinero. Dice que tiene 21 años y trabaja en un bar de donde saca para pagar la renta de la casa, la cual le cuesta mil pesos al mes.

- No mames, esta vez estuvo leve, otras veces nos pasamos como cinco días de desmadre – Me dice Mark

El está sentado envuelto en una cobija sucia, lo único visible en él son las gafas que lleva puestas y que lucen un poco sucias. No suelta el vaso que trae y toma de él con frecuencia. En ocasiones, después de cierto tiempo de silencio se pone a escupir de una manera extraña, como si tuviera algo en su boca que quisiera sacar de ahí. En un momento toma la mitad de una pastilla y se la pone en la boca, la traga, dice que así sin masticarla te pones más acá.


Mark ya ha tenido una sobredosis. Dice que hace como medio año se había metido éxtasis, mota y cocaína en una fiesta. Que de pronto se empezó a convulsionar y se tiró en el suelo con espuma en la boca. Alicia lo llevó al hospital donde lo mantuvieron por alrededor de dos días. Mark dejó de usar drogas por al menos un mes.

- ¡Ay cabrón! ¿porque me dan estas chingaderas?, están bien buenas – Dice mientras cierra los ojos y mueve las manos. Baila.

Liz se acerca conmigo y me muestra sus ojos. Su pupila se encuentra muy dilatada y excitada. Un pequeño halo de color verdoso circula alrededor de ella. Parecen ojos artificiales, ojos no humanos. Se sienta al lado de mí, toma un cojín y lo abraza. Empieza de nuevo a hablar sola, mete la cabeza en el respaldo y lo golpea. Después se sienta y se pierde, no se mueve en lo absoluto. Veinte segundos después sale del trance y sólo exclama un apagado “ay”.

- ¿Dios porqué inventaste las drogas? Están bien chidas – grita al fondo Ale mientras brinca de manera eufórica.


Ale, Alicia y Mark se abrazan mientras van al baño.  Se ven contentos y plenos. Son felices así tal y como están. Una risa los envuelve ahora.


Esto pasa aquí en Aguascalientes. Muchos lo sabemos y otros prefieren no aceptarlo.  Son situaciones reales, un estilo de vida, una forma de vivir, un modo de ser. Lejos de ataduras morales o juicios axiológicos comprendámoslo como algo real. Es el mundo de la fiesta sin fin,  de vivir el presente, de la  euforia momentánea, de vivir rápido y morir joven, de no preocuparse por el futuro ni por la consecuencia venidera, de diversión non stop. Es el mundo de la droga, un mundo al fin y al cabo.


Pasa la noche y el ambiente se torna sudoroso, eufórico, pletórico en energía y fiesta. Ya es tarde y tengo que irme. Mi teléfono suena una y otra vez anunciando mi hora de salir.  Ellos seguirán más tiempo, quien sabe cuánto más, ya le hablaron al conecte para que les traiga más tracas.


Mientras Liz se mueve frenéticamente en el sillón y Alicia y Mark se fueron a coger al baño, Ale me pregunta:

- ¿Y tú no le pones a las tracas?

- No – respondo, a lo que ella me dice una frase que sigue presente en mi memoria

- Qué bueno, nunca le pongas güey, porque vas a acabar como nosotros,todo jodido.



Open House 010: Drogadicción / Tercera Edad

El segundo episodio de Open House en FM, el décimo en el blog de Autonomía.

Como siempre el equipo de Open House trae temas muy interesantes y diferentes (entre sí), siendo en este

caso una entrevista con un adicto a las drogas y en la segunda parte una charla con dos abuelitas.

Puedes descargar el archivo aquí en formato emepetré

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Conducido por Lupita Jaime y Clon Zurita. Produce: Juan Luis Acevez.

CADA SÁBADO EN 94.5 FM

A las 19.10 horas en XEUAA


Open House 007: Parkour+Tectonik+Nuevas Leyes

Episodio #7 de Open House. Ahora con tres temas:

  • Nuevas leyes
  • Parkour
  • Tectonik

Descargar aquí

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Conducido por Lupita Jaime y Clon Zurita. Produce: Juan Luis Acevez.

Próxima semana: Especial de Navidad


Narraciones extraoficiales y cifras inexistentes

Narraciones extraoficiales y cifras inexistentes.

El 29 de abril de 2009, en el marco de la psicosis nacional por una supuesta pandemia inminente, se aprobó una ley que permitía la portación de una cantidad minúscula de ciertas drogas cuyo tráfico es ilegal. En tal momento la noticia no levantó tanta polémica quizá porque se vio eclipsada por la gran expectativa generada por la propagación del virus de la influenza AH1N1.

Algún tiempo después, el Secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, dio a conocer en conferencia de prensa nuevas disposiciones para las personas que fueran detenidas por portación de drogas para consumo personal y las dosis permitidas, entre las cuales se incluía remitirlos a un centro de rehabilitación en caso de reincidencia, esto como parte de las acciones en la lucha contra el narcotráfico emprendida por Felipe Calderón desde el inicio de su mandato.

Tanto el gobierno municipal como el estatal también se sumaron a esta lucha contra el narcotráfico, adquiriendo nuevas y flamantes unidades para patrullas, creando grupos de reacción inmediata e invirtiendo buena parte del presupuesto en “seguridad pública”.

A continuación se presenta la crónica de una experiencia relacionada con este tema, según el testimonio de una persona de 19 años de edad, sexo masculino, estudiante, cuya identidad prefiere permanezca en el anonimato por razones personales.

Jorge sale de su escuela a las 15:00 y comienza el recorrido a pie que lo llevará a su casa ubicada en el sur oriente de la ciudad, en su mochila lleva una libreta, pinceles, varios tubitos de pintura de óleo, algunas plumas, una pipa y una bolsita con un “30″ de mariguana.

Jorge es sincero, admite  que fuma mariguana desde hace tiempo; a veces incluso en su misma escuela y no se excusa en problemas familiares ni sociales, lo hace porque le gusta, aunque ese día no lo hizo, o por lo menos hasta el momento no lo había hecho.

Casi está por llegar a su casa, va cruzando la avenida Aguascalientes a la altura del monumento a Juan Pablo II, y dos camionetas de la policía estatal con aproximadamente 5 agentes en cada vehículo, unos encapuchados y otros no, algunos con fusil en mano, lo abordan para una inspección de rutina; nervioso, Jorge accede, y de su mochila sacan la pipa y la pequeña bolsa donde se encuentra el puño de hierba, la pasan entre ellos; unos ríen burlonamente, un oficial lo toma del brazo y le dice: -”mira nomás, si la pinche facha de mariguano se te ve a leguas, órale cabrón, súbete”-.

A jalones lo suben a la parte trasera de la camioneta y lo esposan a uno de sus postes, dos policías encapuchados van parados en la parte de atrás con él; y los demás en la parte de adelante. Por un lapso de aproximadamente una hora las dos patrullas siguen juntas dando rondines por la ciudad con Jorge esposado a la parte de atrás del vehículo. Jorge pregunta: -¿Voy para el C4?- A lo que el oficial sólo niega con la cabeza sin bajar siquiera la mirada; -¿Entonces a dónde?- Ahora sí baja la mirada el oficial y le dice con voz fuerte, a la vez que pega con una mano a la estructura metálica de la cual se apoya: -“Ya cállate cabrón, mira que no me quiero pasar de verga contigo”-.

Las camionetas siguen en su ruta, hasta que se paran en un terreno baldío en orillas de la ciudad. El policía libera del poste la muñeca izquierda de Jorge, lo baja de la camioneta y le esposa las manos cruzadas por encima de su nuca; Jorge está parado, en medio de aproximadamente 10 policías, se dicen cosas entre ellos, platican de tal o cual persona e incluso sobre mujeres, parece ser un día común y corriente para ellos; dos se acercan a Jorge, le preguntan su nombre y su dirección, sacan su cartera de su bolsillo y lo confirman en su credencial de elector; un policía le pregunta:

-“¿Dónde compraste esta chingadera”?- enseñándole la bolsita que le había sido confiscada.

Jorge con la mirada al suelo le dice que se la regaló un amigo. El otro policía le da una cachetada para levantarle la cara,

-“¡¿Qué amigo, cómo se llama, dónde vive?!”-

Los otros policías observan, uno de ellos ahora trae una especie de bastón.

-“No sé”-, les responde, -“nomás sé que le dicen el chino”-

-“No te hagas pendejo, ya dinos pinche escuincle”-

-“Es que neta no sé carnal”-.

Al momento exacto de pronunciar esa palabra Jorge recibe un puñetazo en la cara al tiempo que el oficial que se lo dio le espeta:

-”¡Cuál carnal pendejo, yo no soy tu carnal, yo aquí soy la autoridad!”-

Jorge levanta la cara y le dice:

-“Ok, pero no se pase de…”-

Y recibe ahora un duro golpe en el estómago que dobla sus rodillas, pero su orgullo lo mantiene de pie.

Algunos policías ríen burlonamente.

-“Ah, te crees muy chingoncito, ¿no cabrón?”- y le da otro golpe a media cara.

- “Eres una pinche lacra cabrón, y te va a cargar la chingada por andar metiéndote estas madres”-.

Jorge se queda parado sin hablar, todavía con las manos esposadas, de pronto recibe un cubetazo de agua por la espalda, algunos policías ríen, el policía con el bastón se acerca hacia él y sin decirle nada le da un choque eléctrico que estremece cada vena de su cuerpo; Jorge ahoga un grito en su garganta y recibe otro choque que lo vuelve a tomar por sorpresa pero no lo tira, Jorge sigue de pie, algunos de los policías siguen riendo, otro espera en la patrulla checando la radio.

Jorge sigue parado, un policía le quita el gorro que trae y con unas tijeras le corta el pelo por mechones, por momentos las tijeras pellizcan la piel de su cabeza, el policía termina en un minuto, el pelo de Jorge queda casi al ras en unas partes, largo en otras.

-”Agacha la cabeza cabrón”-, Jorge sigue las órdenes pero no demuestra miedo, sólo observa de reojo los zapatos de los policías, siente que uno se acerca a sus espaldas, y escucha el agitar de una lata de pintura en aerosol, el policía no le dice nada, sólo le da una abundante aplicación de pintura en la cabeza por un minuto o dos; le jala la frente hacia atrás para levantarlo y queda cara a cara con Jorge, le dice:

-”Ya estás marcado cabrón, pa´ que sigas haciendo tus pendejadas”- y le tira su credencial de elector a los pies, otro oficial lo libera de sus esposas, suben a las camionetas y lo dejan ahí.

Jorge tarda una hora y media en llegar a su casa caminando en un estado de cuasi letargo. No dice nada, se mete a su cama, se acomoda en posición fetal y se tapa hasta la cabeza…

Al preguntarle a Jorge por qué no denunció los hechos me responde: -“¿Y tú crees que de veras van a hacer algo?”-.

Jorge no es el primero y cree no que será el último.

Según las quejas presentadas en la Comisión Estatal de Derechos Humanos esto nunca pasó con Jorge ni con nadie más.



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