La rareza y su poder
27 Dec
Últimamente en la cultura mexicana se ha dado el boom de un fenómeno muy curioso, el cual consiste en exaltar todo aquello que puede resultar bizarro, raro, o desagradable en todos los sentidos, principalmente en el sentido visual, emocional, intelectual, conductual, moral, e incluso, algunas veces, auditivo. Esta rara tendencia se encuentra presente en todas partes, desde una galería de arte hasta en televisión.
Este hecho de exaltar todo aquello estética y socialmente desagradable, se ha encontrado presente en las culturas y sociedades desde hace ya bastantes años, un ejemplo de ello es el cine de Almodóvar o el de Luis Buñuel, el arte de Goya, incluso el de Botero, pero ¿para qué irnos tan lejos? Si en México se encontraba esta tendencia con artistas como Frida Kahlo o literatos como Parménides García Saldaña y José Agustín.
La gran diferencia consiste en que anteriormente se rompían estereotipos sociales, culturales, estéticos y de pensamiento colectivo con finalidades ideológica e, incluso, políticamente fuertes. Con esto se trataba de mostrar la realidad, la injusticia, la desigualdad, la pobreza, la dependencia, etc. En sí los problemas sociales, económicos y culturales que aquejaban al país. Esta “rebeldía subversiva”, como fue tachada anteriormente, no era más que una válvula de escape, una especie de contracultura que sirvió para que el país no sólo abriera los ojos, sino para que despertara y comenzara a luchar por lo que quería y necesitaba. Todas estas actitudes sirvieron de sobremanera para que las sociedades evolucionaran, se hicieran presentes y demostraran que pensaban, que podían actuar y que eran poderosas.
Actualmente, al menos en la cultura mexicana, la tendencia de exaltar lo desagradable no obedece a ninguna ideología de gran peso, por consecuencia no le trae ningún beneficio al país, al contrario esta tendencia resulta contraproducente en cuanto a la proyección de nuestra cultura en otros países. Se dice que es una forma de sacara a relucir los problemas sociales y exhibirlos de manera que se encuentren al alcance y comprensión de toda la sociedad. Pero en sí es una manera muy ridícula y banal de tratar estos problemas tan serios, como importantes y trascendentes.
¿Cuántas veces no nos hemos encontrado con alguna cosa tan desagradable que a diferencia de hacernos “conscientes” ante tal o cual situación sólo logro provocarnos nauseas y un deseo incontrolable de alejarnos de ahí? Como un cuadro realizado con cabellos y excremento humanos o una persona con una rara enfermedad sirviendo de bufón en un programa de televisión.
Es en este tipo de situaciones cuando uno se pregunta ¿qué tiene que ver Frida Kahlo con Amandititita o Niurka Marcos? O ¿José Agustín con Margarito y Sammy? Bien, pues lo único que estas personas comparten son dos cosas, 1) el género y 2) por desgracia: la fama. No dudemos que al paso que vamos Carmen Campuzano y el tal “Paolo Boti”, sean nuestros futuros líderes de opinión; “La Güereja”, la primera mujer en llegar a la presidencia de la república; “El Arte del Cuchiplancheo” de Penélope Menchaca, la Soberana Constitución; y una canción de María Daniela y su Sonido Láser se convierta en nuestro Glorioso Himno Nacional.
Finalmente ¿de quién es la culpa, de los medios o de la sociedad? La respuesta es tan rara como sencilla: “tanto peca el que le agarra la pata como el que mata a la vaca”
TEXTO: Guadalupe Jaime Herrera
GRÁFICO: Carlos Alberto Olvera Zurita



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