En el transcurso del año pasado hubo en México un frenesí por la lucha libre. Pónganle el nombre que quieran: World Wrestling Entertainment, Total Nonstop Action, Consejo Mundial de Lucha Libre o AAA; el caso es que todo mundo fue fan de la lucha libre el año pasado.
No me malinterpreten. Soy un ávido seguidor de la lucha y sobre todo cuando hay un buen juego de llaveo y contrallaveo de por medio, sin embargo, una de los más grandes delitos que ha tenido este deporte radica en el hecho de que ya no es considerado como tal. Ahora hay un término que meresulta abominable: Sports Entertainment.
El concepto lo explica todo. Es entretenimiento con un toque de deporte, en pocas palabras: La lucha se ha convertido en una serie de televisión, atrás han quedaron los días en los hacían gala de una variedad de llaves y candados que los convertían en verdaderos gladiadores. Ejemplos sobran (y para muestra, un botón): Black Shadow, Matemático, Jerry Lawler o Killer Kowalski (abarcando tanto lucha mexicana como estadounidense, más adelante explicaré porqué me enfoco en estas dos).
No niego que sean atletas de verdad. No dudo que haya un riesgo de verdad al realizar el show; pero creo que sería mejor si en realidad se dedicaran a luchar, como deporte de verdad, pero en realidad me estoy desviando de lo que quiero hablar.
En realidad quiero referirme a la lucha mexicana. Sí, desde hace mucho tiempo estuvo muy “in” toda la parafernalia luchística, quizás apoyado por el empuje que le dio la cultura surf con bandas como Los Straightjackets, quienes salían enmascarados como parte de su show, pero, al momento que la popularidad de la lucha norteamericana ponía en riesgo los llenos de las lucha mexicana, las dos organizaciones más importantes (llámese AAA o CMLL) comenzaron a dejar de lado el aspecto luchístico para incorporar historias en torno a los luchadores. Por ejemplo: Konnan, regresó a México para tomar el control de AAA de la mano de luchadores venidos a menos de la otrora WCW y la WWE. La historia tiene su punto más ridículo cuando Konnan decide “secuestra” al hijo de Joaquín Roldán (mandamás de la AAA). A partir de ese momento, mi interés por la lucha mexicana decreció enormemente.
Hay que considerar una cosa: La WWE ha logrado posicionar a la lucha libre en el nicho de Entretenimiento Deportivo inyectándole mucho dinero a sus producciones. Ya sea consiguiendo escritores para sus historias (spoiler: Las luchas SÍ tienen guión) o mejorando la producción del evento. Hace 15 años era común que la música de entrada de los luchadores estuviera hecha con tres pesos; ahora es común que alguna banda escriba el tema (el cual, debo mencionar, no necesariamente tiene que ser bueno) o han procurado presentarse en foros muy grandes, lo que permite un espectáculo más elaborado que consiste en juegos pirotécnicos y pantallas gigantes.
¿Qué tenemos en la lucha libre mexicana? Para no variar, quieren copiar la infraestructura de la norteamericana. Primero empezaron a tener guión en la lucha, luego comenzaron con sus eventos masivos, como el caso de TripleMania (vaya, hasta el nombre copia descaradamente el de WrestleMania, el evento principal de la WWE), luego comenzaron con una “Magna producción”. El problema es que está hecha con un presupuesto tan limitado y en foros pequeños, lo que en realidad hace que el show se vea de pena ajena.
¿Cuál es entonces la solución? Fácil: Mejoras tu producción con dinero y sabiendo tus limitaciones, alguien con sentido común no le pone asientos de piel a un Tsuru. Y también creo que los fans agradeceríamos que la lucha libre tuviera la credibilidad de hace 30 años, pero (dirían por ahí) eso ya es harina de otro costal.
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16 January, 2010 – 14:18 // 

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