Cultura sobre Cuetzalan
20 May
Reporte de Cuetzalan, Puebla
Por:
Becerril Ovando Rebeca Stephany
López Rodríguez Yuliana Ivette
Traviesas gotas de lluvia escaparon del cielo mientras, la neblina, esa manta blanca, de manera ventajosa propiciaba el fisgoneo de los turistas que visitaban el Pueblo mágico de Cuetzalan en Puebla.
Entre puestos y vendedores independientes de collares de semilla, pulseras de hilo y llaveros que representaban el Quetzal característico del lugar, estaba inmersa la plaza central, a pesar del clima, los mercaderes no detenían el ofrecimiento de sus mercancías y algunos hasta dejaban de prescindir la lluvia y el frío que poco a poco aumentaba de nivel.
Las calles empedradas, la lluvia que caía y se resbalaba sobre ellas, simulaban un río limpio en una cascada, la tarde-noche estaba por acercarse y cada vez bajaba más aquella manta blanca que retenía e intensificaba el éxtasis de conocer qué había más allá de lo visible. Ya era hora de que los vendedores quienes provenían de colonias aledañas se fueran a descansar para el día de mañana volver a trabajar en la plaza.
De noche, en la plaza donde está el palacio de gobierno y la iglesia, pero sin dejar de lado sus alrededores, se hace presente el comercio nocturno, pues de 40 lugares, alrededor de 3 son bares, cafeterías o discoteca (INEGI, 2007). Sin embargo, en el día los restaurantes arrasan con la actividad económica.

Durante la noche y hasta las 5 de la mañana en la cantina “El calate”, se escuchan murmullos, de ella salen pocas almas inconscientes y desequilibradas, conversaciones como: “me da una cerveza de a cuarto, ¿cuánto es? …- Diez pesos… -¿Y los toritos?… -Quince”, además de la rockola que palpa los odios de sus visitantes con tres canciones por $ 10. Sólo se espera que los efectos del alcohol, se remedien con la orden de 5 tlayoyos o molotes de $ 10 que al otro día se venden fuera de la taberna.
Cuetzalan es un lugar turístico, pero “tiene una mala administración”, asegura el profesor Javier Alvarado Mora. Los $ 51, 474,123.86, asignados por la FIMS -Internacional Federation of Magic Societies-, sólo se ve reflejado en el empedramiento de las calles, en la pintura que se le da a los habitantes para la fachada de las casas principales del pueblo y sobre todo en el “despilfarro en obras que quedan mal y tienen que volverse a hacer”.
(Continúa después del salto)


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