zombies que no son zombies

josé ricardo pérez ávila

Con el éxito obtenido por Slumdog Millonaire, el realizador Danny Boyle alcanza por fin uno de los objetivos deducibles en su carrera: tocar el corazoncito traicionero del mass media, explotando el rasgo caótico del mundo actual para desarrollar una fábula en términos no evasivos. Ya Trainspotting (1998), The Beach (2000) y Millions (2003) esbozaban esta ambición nada sencilla, pero son Sunshine (2007) y sobre todo, 28 days later (2002) los ejercicios de género claves que contribuyen al retrato de la actualidad y su problemática, por medio de una historia de tintes fantásticos.

Resultó sintomática la reseña que acompañó 28. La revista Conozca Más, por ejemplo, le describió como un Resident Evil postapocalíptico de lograda fotografía. La presencia de una pandemia, donde los infectados se vuelven irracionales y violentos, no ayudó a evitar que el argumento de la película fuera rápidamente relacionado con la tradición norteamericana del zombi, con la saga de Romero y finalmente con los subproductos de su plaza en el imaginario popular como el videojuego Biohazard.

Debería bastar con señalizar los prominentes rasgos que diferencian a los “infectados” de 28 con el zombi promedio de la tradición posmoderna: el segundo se arrastra lastimosamente, el otro corre, uno mata porque sí y el otro es un canibal infantiloide, en fin; uno está muerto y el otro no, ¿qué logra entonces que la asociación perdure? Por una parte, el brochazo del juego nipón ya mencionado, que relaciona a zombi y enfermedad, por el otro, que la saga de Romero tiene también mucho de fábula.

Pareciera entonces que 28 days later está destinado a interpretarse como un homenaje a las ficciones de serie B que enmarcan al zombi como una metáfora social, aplicable a muchos contextos urbanos de la actualidad. Sin que deje de ser cierto, la visión deja fuera lo que podría ser casi la mitad del árbol genealógico de la cinta. Para mirar aquellas ramas hay que volver a los primeros minutos de 28, cuando nos enteramos del nombre de la enfermedad que al parecer va a dar cuenta del mundo: Rage.

Este dato lanzado al aire nos explica que el virus pandémico es una variante o mejora de la rabia. Si empleamos este dato suelto como un anzuelo, pescaremos una película setentera llamada Rabid, dirigida —qué curioso— por otro contador de historias extrañas: David Cronemberg. A propósito de fábula contemporánea, Norma Lazo considera que antes de director o escritor, Cronemberg es un ensayista, enfocado en aislar un evento de su realidad y retratarle en una historia que al menos en las primeras fases de su carrera, solía decantarse por el horror.

En el caso de Rabid, el argumento no podría ser más peculiar: una rubia sufre un accidente en moto y es tratada con cirugía experimental, sólo para terminar siendo un vampiro que se alimenta por medio de un aguijón en la axila; sus víctimas, terminan contagiadas con una mutación de la rabia que es resistente a las vacunas y les convierte en extras de 28 days later, treinta años antes del rodaje.

¿Y si ésto es una fábula, dónde está la moraleja?, para Cronemberg, Rabid retrata el impacto del VIH sobre la población mundial, el peligroso mesmerismo de una atractiva rubia que si se acerca demasiado puede volverte un muerto viviente capaz de multiplicar tu estado; la rubia obtiene así una simbología útil hasta el día de hoy. En el caso de 28 days later, la moraleja puede inscribirse con algo de sarcasmo: “no te quedes en coma por más de dos semanas”, podría servir, al menos, como punto de partida.